Desde aquí, quiero dar la enhorabuena a la maestra alcalareña María Esther Diáñez Muñoz, que ejerce en Atarfe (Granada), y que ha obtenido un importante reconocimiento a su labor profesional e indudablemente vocacional.

En un momento en el que parece que muchos maestros y padres nos quejamos de lo poco que podemos hacer,  ejemplos como ella nos demuestran lo mucho que se puede hacer para mejorar la educación de nuestros hijos.

En Alcalá sufrimos varios serios problemas en nuestros centros educativos desde hace años. Siempre hemos tenido unas instalaciones deficientes o insuficientes. Incluso en el final del “baby boom” vamos a sufrir la falta de un instituto de secundaria que nos prometieron hace años y que no nos construirán si no nos movilizamos.

Nos hemos acostumbrado a conformarnos y a creernos lo que nos dicen, incluyendo la falacia de que “no se puede hacer nada”. Sí se puede hacer mucho, siempre que haya voluntad y ganas de trabajar.

Iniciativa tras iniciativa, se obtienen conocimientos, experiencia y recursos para tu comunidad educativa. Trabajando mucho.

Iniciativa tras iniciativa, se obtienen conocimientos, experiencia y recursos para tu comunidad educativa. Trabajando mucho.

En la Junta de Andalucía describen el premio así:

– María Esther Diánez Muñoz, Maestra de Educación Primaria en el CEIP Atalaya de Atarfe (Granada), por su compromiso con una educación pública de calidad a través de la innovación educativa.

Esther, diplomada en Magisterio y licenciada en Psicopedagogía, centra su trabajo en desarrollar acciones educativas intercentros y comunitarias dirigidas a la transformación y mejora social desde la escuela. Ejemplo de estas acciones, de gran impacto social, es «Ciencia a la Carta» en el año 2013, que generó varios proyectos de innovación; entre ellos, el proyecto CREECE, Premio Nacional de Aprendizaje-Servicio en 2014, y el proyecto «Somos Biodiversidad» en 2015. Asimismo, ha participado en el programa «Water Explorer» de Naciones Unidas, con el que ha conseguido que su centro sea la escuela representante de España en el Encuentro Internacional celebrado en Londres en 2016.

Siguiendo esta línea de trabajo, ha ejercido como asesora pedagógica e impulsora del programa «Andalucía, Mejor con Ciencia», desarrollado por la Fundación Descubre y cofinanciado por la FECYT. También ha coordinado el proyecto «Proyectando Futuro», desde 2013 al 2016, dirigido a la transformación del CEIP Atalaya y su incorporación a las metodologías activas e inclusivas, y el uso de la tecnología en la escuela, que obtuvo el «Premio Nacional Escuelas para la Sociedad Digital» en 2015, que otorga Fundación Telefónica.

Otro proyecto más reciente, «Capacitados», basado en los principios de Investigación e Innovación Responsables (IIR), orientado a mejorar la sensibilidad hacia los problemas de la población que presenta diversidad funcional y a facilitar la accesibilidad de los espacios de la localidad, ha recibido el Premio Nacional «Acción Magistral» en 2016 y ha supuesto el ingreso del CEIP Atalaya en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

Esther, en su búsqueda de nuevas perspectivas educativas, obtuvo una licencia durante un año para realizar en EEUU, en 2008, un proyecto de innovación docente sobre enfoques metodológicos desarrollado en la Universidad Central del Estado de Connecticut, así como varias licencias formativas en Finlandia, Praga, Italia, Estonia, y Dinamarca. Ejerce como colaboradora de formación del Centro de Profesorado de Granada y participa como ponente en congresos y jornadas para la difusión de prácticas relacionadas, principalmente, con el Aprendizaje-Servicio.

Como coordinadora del Plan de Igualdad, cabe destacar el proyecto «Un espejo en que mirarte», galardonado con el primer premio en la VIII Edición de los Premios Rosa Regás.

Su grado de implicación y compromiso, junto con el apoyo del equipo directivo y la participación de la comunidad educativa, le han llevado a liderar iniciativas que favorecen la inclusión y la innovación educativa.

La noticia:

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“El ‘divide y vencerás’ en el debate sobre la educación está siendo terrible”

  • Trabaja en uno de los centros públicos más reconocidos a nivel nacional
  • Aboga por un debate “en profundidad” sobre las necesidades educativas
  • “Bando hay uno, el de los alumnos”

Esther Diánez, en su clase de Primaria del CEIP Atalaya de Atarfe. / ÁLEX CÁMARA

 

Esther Diánez reconoce que la Medalla de Oro al Mérito en Educación la abrumó. “Siempre relacionas estos reconocimientos con gente con una larga trayectoria”. Sin embargo, asegura que un reconocimiento como éste sirve para que la Administración destaque lo que se hace en las aulas, de puertas para dentro. El trabajo a pie de obra.

-Un reconocimiento así lleva detrás mucho trabajo…

-Muchísimo. Pero en mi caso hay mucha gente detrás. Mi mayor pasión son los proyectos comunitarios, que son los que nos han dado más éxito, más visibilidad… en un proyecto comunitario tú puedes ser el que anima, pero tiene que haber mucha gente detrás. Y en el caso de mi trabajo hay mucha gente detrás. Desde la dirección, que facilita, no pone trabas, hasta compañeros que te cubren cada vez que tienes que salir a algún evento. También el Ayuntamiento. Esta medalla es trabajo de mucha gente.

-También la materia prima es muy singular en su caso. Está en un centro que hace unos años estaba mal considerado, cargaba con mala fama, y que ha conseguido darle la vuelta a esa situación…

-Aquí hay muchas cosas para poner en valor. Lo que pasa es que nos dejamos llevar por todo lo difícil, la falta de recursos, los entornos complejos… esa medalla en el caso de nuestro centro, el CEIP Atalaya, es un reconocimiento a toda la gente que no cae en la desidia. Gente que ha creído en los niños, en los padres, en nosotros. Esa es la línea que define a nuestro centro, e incluso a toda la localidad.

-¿Cree que hay en su gremio demasiada desidia? ¿Cuesta arrancar?

-No. Creo que es una profesión que no está libre de obstáculos. El trabajo que tenemos es tan grande, que requiere de todo nuestros esfuerzo. Yo con los docentes con los que trabajo no veo desidia para nada. Es cierto que está la famosa zona de confort, que hace que a los profesores nos cueste. Pero en mi entorno el profesorado empuja. Nuestra profesión no exige menos. (…)

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